Hoy el reino celestial se acerca a mí.
Con el índigo profundo de su manto
y los reflejos de ópalo de su vestido
se presenta ante mis ojos.

Me giro, busco verle el rostro.
Deseo contemplar su imagen,
acoger la dulzura y el cariño
que su amor me provocan.
Veo nacer un hilo dorado
de su corazón hasta mis pupilas
iluminando la visión.

¡Qué emoción más profunda!
Ella, la Gran Señora,
la Madre de todos los hombres
se ha acercado a mi persona,
trayendo como regalo
solo su presencia divina
y la intensa ternura que emana.

No es fruto de la imaginación.
Si me aproximo con devoción
acaricio con mis yemas
el borde de su vestido,
incluso los dedos de sus pies.

Siento la energía de luz
que desprende al presentarse.
¡Madre!, ¿qué puedo darte yo?
Tú lo posees todo y nos lo ofreces.

¿Qué te ilusiona recibir de mí?
¡Ya lo sé!, mi amor de hijo,
la alegría de sentir tus bendiciones,
el privilegio de rozar tu atuendo,
la esperanza de que yo permanezca
por siempre cual retoño a tu lado.

Hoy no puedo oírte, solo contemplarte.
Descubro tu sonrisa afectuosa,
sin palabras ni gestos añadidos;
es el amor del espíritu, pasando
de Madre a hijo, de hijo a Madre.

Tu mirada candorosa se cruza con la mía
y en una chispa de vibración radiante, casi mística,
me trasmites con ternura: Estoy aquí, contigo.

¡Gran Señora, acúname eternamente en tu regazo!

María Teresa Rodríguez Cabrera

Aquí puedes ver este poema recitado por mí
https://www.youtube.com/watch?v=aVp3wQu2dcw&t=19s