En la infancia es solo una niña,
como adolescente es indomable,
al llegar la juventud disfruta de la vida,
en la madurez es serena y compasiva.

Su corazón es amoroso y pacífico
también altanero y lleno de pasión,
se ilusiona con cada suspiro
ansía conquistar la felicidad.

Posee el temple del duro acero,
el cariño de una madre a sus hijos,
la sonrisa de un ángel del cielo,
la delicadeza de una sutil mariposa.

La mujer, sometida en el pasado,
obedecía sin poder resolver por sí misma,
hoy es libre, decidida y emprendedora,
hace en cada tiempo lo que se le antoja.

María Teresa Rodríguez Cabrera
8-3-2018 Día de la Mujer Trabajadora